22 noviembre 2009

La "Pobrecita"

Uno de los sociales de moda ultimamente, que rozan lo siniestro, es la reunion media vida despues de los compañeras/os del secundario, aquellos que juraron entre cataratas de lagrimas no separarse jamas, y que en muchos casos se juntaron gracias a las 'nuevas tecnologias' dos decadas mas adelante ....
Los que se prometieron amistad eterna, no perderse el rastro jamas; que se perdieron en el primer meandro del rio de la vida, se juntan ya maduros lejos del espiritu amistoso de la adolescencia, porque pasado el primer momento de sorpresa, parecieran entrar en franca competencia a ver quien ostenta en el pecho mas medallas o logros en esta vida, sean de la indole que sean: familiares o profesionales. Y siempre hay uno/a que es el peor parado de la camada.

- Pobrecita.... - comentan en voz baja, como para que la aludida no se entere que el escozor que siente en la piel no es una alergia, sino que le estan comiendo el cuero sin piedad.

- ¿Porque?- siempre hay un despistado/a que le faltan los detalles del grupo.

- No hizo nada! ¿Como que nada? No siguio estudiando, no se caso, no hizo carrrera laboral, no formo familia ni tiene hijos, no hizo nada con su vida, nada.

- Pobrecita, tambien con los antecedentes... ¿que podia hacer con semejante vida?
Hasta donde le tenian el rastro, digamos los dieciocho, 'Pobrecita' siempre habia sido la mas desfavorecida. Hija de padre abandonico que mas mal que bien cumplia con la cuota alimentaria, madre enferma, tampoco era muy bonita y en un pais que ha hecho de la blancura de piel simboo de preeminencia y buena clase social, su tono de piel la excluia de profesiones mejor remuneradas de haber podido estudiar para ellas, no tenian casa propia ni mas techo que una habitacion alquilada que se pagaba con esfuerzo mes a mes, y el maximo galardon aspirable era el titulo del secundario. No tenian nada y nada era algo tan rotundo como una montaña.
¿Que iba a hacer de su vida? Cuidar de su madre hasta su muerte, trabajos mal remunerados o despreciados, como la costura o el servicio domestico que le permitieran cuidar a la enferma y pagar el alquiler mes a mes, como un lento y fatidico rosario se fueron desgranando los años.

- Pobrecita- resuena como un trueno en la lejania, la letania de los triunfadores, de sud compañeros y sus parejas, pero los que mas parecen tener lastima, son los 'te presento a mi marido' que parecen gustosos -sino felices con su legitima- de haber esquivado un estereotipo asi.

Sin embargo, la mentada de esta forma, no viste mal sin estar pendiente del ultimo aullido de la moda, ostenta su propio pelo sin necesidad de atarse mechones ajenos o extensiones, y no esta interesada en los multiples 'te presento a mi marido' de sus ex-compañeras que parecen presentar a Brad Pitt en persona -ni se siente por ello una mesa de tres patas- algunos tan cargosos que no dejan un momento a solas ni a sol ni a sombra considerados 'maridos perfectos' que no pasan de ser un Otelo de cuarta.
Llama la atencion la forma mas alla del bien y del mal en que observa el calzado colorido de ultima moda en version simil cuero de sus camaradas, el carisimo jean bordado de alguna, otro mas caro aun que parece desgarrado por una jauria de perros de la mas audaz, las remeras basicas -basicamente sin ideas del diseñador- o los hit de moda del modal, junto con el recuento de bijoux que incluyen cadenas como para amarrar un moderno transatlantico de lujo, ajena a todo, hasta los susurros que por ahi le llegan acerca de su persona donde todos, compañeras y maridos se unen en la causa comun de compadecerse de su pobre vida.
Cuando la parranda termine, todos volveran a sus vidas, a sus empleos exitososos o monotonos, sus hijos, su carrera aunque fuere la necesaria para llegar a fin de mes, y hasta se da el lujo de sonreir mientras escucha los planes para las consabidas vacaciones en la costa..... que para muchos seran el sumun.

Si supieran que dentro de poco ella vera las aguas turquesas del Caribe, la mayoria necesitaria de sus servicios, porque caerian desmayados de no creerlo o de llana y simple envidia.
¿Que podia hacer con las cartas que le toco en la vida? Trabajos mal remunerados como costurera, o el servicio domestico, cuidar a su madre cada vez mas enferma, tanto que debio hacer un curso para ello, mientras limpiaba pisos en un centro asistencial, luego otro curso mas, hasta finalmente estudiar enfermeria en la Cruz Roja y hacer la residencia sin moverse de su casa, mientras a la vez colgaba la escoba y el trapo de piso, atendiendo ya pacientes en el mismo centro asistencial ganando experiencia. Ahora que su madre por fin se ha liberado de las cadenas de la enfermedad, el ahorro en farmacia le permitio un curso basico para domar al Verb To Be y la lengua de Shakespeare; sin tener un hogar propio, no tiene mucho que la ate a lugar alguno y es su tiempo de ser libre, de viajar, de conocer.


De ver el agua turquesa del Caribe con sus propios ojos, cuando en dos dias zarpe el megacrucero en que embarcara. Que importancia tiene que lo haga como la enfermera de a bordo contratada por la linea de navegacion, si solo como tarea muy pesada debera dispensar algunas gotas para el mareo.....

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14 noviembre 2009

Decir que sí, sentir que no...



Juliana, mujer bella entre las bellas, había nacido en 1908.


Cuando me contó esta historia, sumaba tantas décadas, que la espantaba recordarlo, pero nadie, nadie, la hubiera considerado vieja.


Era una de esas mujeres, que mantienen la piel de porcelana y el brillo apasionado en la mirada.

Cuando estaba por casarse, a los 16 años, las amigas la pusieron al tanto de los acontecimientos de una noche de bodas.

- Vos tenés que fingir. Hacele creer que te gustó para que él no se disguste. Los hombres se ponen mal si una no les dice que disfrutó.- Le recomendaron

Y juliana, prudente, contentó.

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05 noviembre 2009

De genero y medicina.


Basado en el libro de Isabel Barcelo "Dido, Reina de Cartago". En su periplo por los mares, las naves de Eneas despues de una tormenta demencial llegan a una playa donde y encuentran a un afectado compañero suyo que se resistia a dejar el estanque embrujado por una ninfa y dio un susto al hijo de Eneas, pagando precio por ello....

Fue una flecha pequeña de advertencia, pero se clavo como la zarpa de un monstruo en mala parte de aquel guiñapo que cayo al suelo con un gemido. Cirene que me acompañaba, ella que se considera “viajera”, muy comedida se llevo al curioso hijo de Eneas antes que cayera en las garras de aquella lubrica ninfa de estanque en donde apenas con mucha buena voluntad puede ocultarse un pez; y yo Iskias Akalistemona por parte de madre y Duiinne por parte de padre, y que por amazona vengo a ser el servicio de custodia, no me quedo mas remedio que echarme el fardo al hombro –que pesaba menos que el niño- del guiñapo y llevarlo al campamento.
Verme llegar con este, que para ese entonces habia adoptado una postura de moribundo, con una flecha clavada alli, en mala parte, fue como recibir una suelta completa de todos los arqueros de Troya, y después de reconocerlo como uno de los suyos, el pensamiento fue ‘tu lo heriste, tu lo curas’. Pues bien, me relami, les tengo una sorpresa…. aunque si este fue uno de sus mas bravos y valientes no quiero imaginarme al mas cobarde y no necesito explicación de porque perdieron la ciudad mejor fortificada. Nunca he entendido a estos hombres, ninguna de nosotras en realidad, tanto que nos hemos arreglado muy bien sin ellos, salvo para engendrar: no hay nada que les infunda mas pavor que una mujer que sabe defenderse ella sola, y llegado el caso se calce su armadura –a que loco se le ocurrira que un guerrero ira a combatir semidesnudo contra un mirmidon armado hasta los dientes tampoco lo entiendo- y pueda defender lo suyo con mas empeño que un hombre.

Mi padre, un naufrago del Norte, solia contar que en su pueblo las mujeres eran consideradas tan valiosas como los hombres, sabian de armas, de combate, y por defender sus hijos, maridos y tierras eran las mas feroces guerreras; incluso hay reinas por derecho propio y guay con levantarles la voz o desobedecerlas. Aun en el hogar mas humilde, ningun hombre se siente menos viril por sentarse a echarle un ojo a la marmita o vigilar el espetón…. Por eso mi padre pudo vivir con nosotras tanto tiempo -unos doce años- dado que sus heridas no le permitian regresar: porque nos respetaba de igual a igual, pienso mientras me saco con el agua de mar la sangre del herido de mi pelo, la herencia mas tangible que me dejo, mientras si entiendo se porque han perdido una ciudad completa y a la vista tengo el ejemplo. Los puede el deseo; se dejan morir de hambre presos de sus fantasias al lado de un estanque, secuestran a quien fuere -reina o esclava- por este cascabel de plata que les promete mil delicias, dejan todo y que otros carguen con las consecuencias.
Mientras creen que me estoy purificando –esta gente se purifica para todo-, en realidad me baño, he dejado al naufrago como insiste en llamarse, naufrago de si mismo atrapado a un espejismo, me estoy sacando la suciedad del viaje y la tormenta, el peor veneno para las heridas, según me enseñara el medico egipcio si yo he de arreglarle el trasero…..

Lo deje cerca de un fuego que han encendido, con algo de vellon empapado en agua de mar, para que los tejidos no se inflamen tanto, recomendandole a Cirene que le eche un ojo cada tanto y vigile que esten siempre mojados: no se como le habra caido ella eso de mirarle el traste cada tanto a un desconocido, pero era una indicacion medica. Estrujo mi ropa, mi ropa del norte mas apropiada para un viaje y voy a preparar mis instrumentos.
En un caldero deje hirviendo agua, agua y a falta del hongo egipcio –imposible mantenerlo en la humedad del mar y con la borrasca- le eche lo mas facil de conseguir aunque lo echen en falta: dientes de ajo, solo me queda la suplica ritual a Horus para el tratamiento, y ademas que con esta agua no se hayan hecho una sopa.
No se porque miran con esas caras mi caja, si la conocen de sobra, sera porque es de madera extraña y por fuera alquitranada, aunque adentro tiene material de muchos pueblos, y con una pinza tomo las cucharas y las pongo al fuego mientras las caras de los que no estan ocupados se ponen al rojo vivo de pensar que …. Si, la unica forma de evitar el sangrado de una herida que conocen en con el fuego; pongo al fuego un delgado alambre de cobre, un pequeño trozo de hierro y pido mas ajos. Lamentablemente queda poco de adormidera y como no podia ser de otra forma Eneas se la ha reservado toda para su padre, aunque con ella no va curarle el reumatismo; daria de buen grado algo de valor por corteza de cerezo o algo mejor para el dolor pero solo tengo lo mas comun: corteza de sauco, que hago poner a hervir, esta si que nadie va tomarsela como sopa, me relamo de risa interiormente de solo imaginar las caras del que la pruebe poruqe es aarga como hiel, y de paso me he secado un poco. Saco las cucharas del fuego y las dejo enfriar y ahora si, naufrago de ti mismo, prisionero de tus fantasias, llego la hora de mostrar cuan hombre eres…

Le doy a beber un sorbo de vino donde apenas si deje caer una gota de adormidera, y le digo que va a ser rapido, mientras no puedo dejar de notar el costal de huesos que es, y llamo a Cirene, por una vez que pise tierra firme y deje sus credenciales de viajera si es una sin patria mas como todos para que me asista, mientras me tengo que acomodar a horcajadas por sobre las piernas del hombre. Sin verle el rostro, su voz trasluce el terror que saque la flecha de las dos formas mas usuales, atravesando todo el miembro afectado con astil y todo, o a los tirones lo cual es un desastre mayor; lo tranquilizo y mas aun lo hace el sentir que he quebrado el astil y le hago señas a Cirene que se apure, mientras que saco el vellon y lavo lo mejor que puedo la zona, y vaya zona de este tipo, de esas que ni queriendo mirarias. Con razon Cirene se toma su tiempo: ha de estar harta de empaparle el traste con agua salada, y demora en venir en ayuda pues ya ha tenido demasiado y todavia le toca mas: ver como saco una flecha del culo sin matar al paciente en el intento, mientras ya se ha formado un corro alrededor.

- Quedate muy quieto- le digo y tomando las cucharas, que no son cucharas, no se porque las llaman asi en Egipto, sino dos espátulas de bronce rectas con las puntas curvas como una pequeña garra y las entro a deslizar una a cada lado de la herida. Era una flecha pequeña pero en un cuerpo tan debilitado, penetro la totalidad de la punta y parte del astil, debo maniobrar al dar con la cabeza, rodearla y trabar la punta levemente curva de la espátula en la punta de la flecha, y luego la otra sobre estas.- Ya casi esta- le digo.

Algunos suelen ponerse de pie para sacarla de un recio tiron, pero si asi hiciera con este cuerpo famelico… lo partiria en dos; inspiro hondo y siento que todos contienen la respiración; sin pensar aprovecho ese instante para dar un firme tiron de las cucharas y la flecha sale limpiamente.
Agua con ajos, le pido a Cirene, y con ella limpio la herida, desdeñando el tizon encendido que me ofrecen como para incendiar una ciudad, escucho los comentarios de ver la sangre que mana pero finjo no oirlos mientras limpio la herida y dejo que drene, y ante tanto rumor le explico a la palida viajera:
- Ves, es sangre oscura, debe salir toda, no es bueno que quede alli- y rechazo nuevamente el tizon con gesto de cierto fastidio- ahora esta saliendo mas clara. Animo naufrago, ya queda poco. No se ha roto ninguna vena de importancia.-recalco.
Como que vuelvan a ofrecerle el tizon, juro que alguno terminara con el en mala parte y le hara compañía a este paciente….. y que lo cure otro. Maldigo para mi, mientras limpio la herida, lamentando no tener aceite de oliva o un buen aguardiente, mientras la sangre sale ya roja y vuelven a la carga nuevamente con otro tizon como para incendiar Troya. En cambio hago que me alcancen un pedacito de hierro caliente, solo caliente sin estar al rojo, y con un leve toque se frena el fluir de la sangre y se eleva una leve columna de humo como una plegaria –Rx Horus- aunque el hombre se ha sacudido como Atlas cambiando el mundo de un hombro al otro, y les remarco ya a quien quiera oirme que se metan el tizon ese en donde gusten, que no es necesario causar mas daño o mas dolor.. Que alguien saque la cabeza del niño de la luz, o lo hare de un codazo, porque entre el incendiario del tizon y ahora esta cabeza ya me han puesto de mal humor, por suerte alguna mujer se lo lleva mientras rapidamente acomodo la carne sobreponiendola y con el delgado alambre formo una horquilla que clavo apenas sujetando los bordes. Ya casi esta, le digo, pero las malas noticias llegan al mover mis dedos que dejan una mancha blanca.
Maldigo por lo bajo y aunque no entiendan el idioma de mi padre, saben que he dicho una barbaridad; pido un pote sellado al que le salto el sello rapidamente, y con dos palillos de madera saco lo que todos ven como un gusano y un coro anuncia ‘sanguijuelas’ en tono que anunciarian un terremoto; se ve que soy el espectáculo de la tarde mientras la acomodo, tomo otra y la pongo al otro lado. Esta vez es una voz principezca la que pregunta el porque.
- Ven esas manchas blancas que quedan al tocar? Eso significa que la herida sigue sangrando por dentro- y de verdad alguien ya sea principe o aldeano va a terminar con el tizon ya de un tamaño para incendiar a todas las ciudades del Egeo en muy mal lugar- alli no hay forma de llegar y sacar esa sangre, salvo con ellas. ¿Por qué dos? Esta muy debil, mas podrian debilitarlo aun mas. ¿Cómo las saco sin romperle la piel?- y debo sentarme con fuerza sobre el naufrago que se mueve de oirlo- esperen y veran.- El principe me agrada cada vez menos y les he respondido a todos y ninguno mientras las sangjjuelas hacen su trabajo, y cuando por fin estan ahitas de sangre, se sueltan solas y las devuelvo al anfora.

Ajos, pido ajos como para adobar un lechon -vaya a encontrarse flor de hammamelis o milenrama por aquí o tenerlas en buen estado o sea, secas- y con una pasta cubro la herida, de ello depende que no levante fiebre ni suceda nada, y con unas tiras de lino puestas a secar en la hoguera, envuelvo todo. Fin de la diversión gentio. A trabajar.
Solo me queda pedir la coccion de sauco, mientras le explico a Cirene que no la ve muy curativa, que esta puede hacer sangrar mas las heridas y para evitarlo le agrego una pizca de raiz de lirio molida en vinagre, asi no habra riesgo nuevas hemorragias y esta toma nota mentalmente, lo digo solo por si aun hay interesados en saber que estoy haciendo y me consta que alguna mujer seguramente la usara durante el mes. Hacerle beber el brebaje amargo y recocido es peor que el viaje y las tormentas, pero al fin se traga el cazo completo y de no hacerlo juro que se lo iba a vaciar como cascada en la boca.
¿Que donde aprendi a curar? Oigo que me preguntan. No se si me creerian, o si entenderian, que mi madre vio que era tan delgada y aparentemente tan poco apta para trabajos mas pesados o tomar las armas, incapaz de tensar un arco cuando dejaba atras la niñez, que me envio a estudiar con uno de los mejores medicos egipcios…
Esta gente, capaz de perder todo por el deseo, su salud, su vida y su ciudad, la belleza es lo unico que valoran en una mujer; se desmayarian de saber que ademas de amazona, soy -somos cientos me digo: curanderas, herbolarias, comadronas y hasta madres que sanan a sus hijos- medica.

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22 marzo 2009

Carta de Ariadna a Teseo

Oleo: Tiziano




Mi estimado Teseo.
Soy Ariadna.

Aquella muchacha hija del rey de Creta, no sé si recuerdas, esa que te salvó de ser devorado por el minotauro y, a tu pueblo de pagar el tributo en donceles y doncellas. Aquella del talle fino y las piernas largas, la de las trenzas castañas que gustabas enredar entre tus dedos.

Esa que abandonaste a su suerte en las playas de Naxos, aprovechando que dormía para huir con sigilo.

Te escribo, Teseo, porque es de amigos la gratitud y, en todos estos años, no pude expresarte mi reconocimiento a tu abandono. Pero ahora, ante tanto comentario funesto sobre ti, ante ese estallido de risas en las tabernas llamándote antihéroe, me di cuenta de los años transcurridos.

Sé que estarás viejo rey de Atenas, que tus espaldas se curvarán, tu piel colgará flácida, tu cabello -si lo conservas- cano, tus deseos apagados y preparándote para cruzar las aguas del Estigia. Como comprenderás debía apresurarme.

Tantas calamidades se cuentan sobre ti... Dicen que no mataste al Minotauro. ¿Cómo es posible, si además del ovillo para que remontaras el laberinto, te di la espada mágica capaz de vencerlo.

Tanto me inquietan los rumores que consulté con las diosas, aunque podría haber encontrado las respuestas por mi misma.

Podría, porque desde el momento aquél en que me abandonaste, me volví inmortal. Si me vieras, me reconocerías en el acto, Teseo. Nada he cambiado, mi piel aún es una magnolia.


A propósito ¿Cómo se encuentra Fedra, mi querida hermanita, esa que te arrancó de mi lecho para llevarte al suyo? Me han dicho que lleva la cabeza cubierta por paños negros, que algo la avergüenza. Y que no es sólo el haber enamorado a tu hijo Hipólito, sino algo relacionado con su madre. ¿De verdad es obra suya la muerte de Hipólita?

Vaya destino el tuyo Teseo... ¡ Qué penoso! Cuánto lo siento. Pudo ser sereno y armonioso... pero me abandonaste en Naxos. Son las cosas de la Vida.

H
oy, bebiendo ambrosía de la copa de mi amado, me volvió el recuerdo de aquella mañana en que entró al puerto la embarcación de las velas negras, con su carga de atenienses reclamada para el sacrificio.


Te vimos bajar, Fedra y yo temblamos; sobresalías entre todos. Tan guapo con tus muslos firmes, la espalda ancha, los pectorales de bronce y esa cabeza que parecía ornada de virtudes.

¡Cómo engañan las apariencias, Teseo!

Una sirvienta nos dijo que eras el hijo del rey de Atenas, llorábamos por tí, se acercaba el día en que entrarías al laberinto. No abandonabas mis pensamientos, ni de los de Fedra. ¡Mosquita muerta! Con razón no quiso permanecer en Creta aunque para ella no habría habido castigo. Y yo que me creí esa historia de que no abandonaría a su hermana mayor. ¡Hipócrita!

Para salvarte, compré al carcelero con el oro que adornaba mis trenzas y entregándote el ovillo y la espada te enseñé como usarlos. En señal de gratitud tomaste mis manos.

- Tendrás que llevarme contigo, Teseo, porque la ayuda que te doy me condena a muerte. Los tuyos mataron a mi hermano, mi padre no perdonará esta traición.-

Juraste por los dioses, por el honor de tu padre y el resultado de tu empresa, que nunca me abandonarías.

Yo te creí, ¿Cómo no iba a hacerlo si tus ojos miraban a los míos y derramaban tiernas lágrimas? Después supe que el polen de las flores cretenses afectaba tu vista.

Me hiciste tuya en la noche de navegación. Te urgía conocerme, yo me entregué enamorada. Eran tan hermosos tus cabellos negros, tan apretado tu abrazo, tan resplandecientes tus palabras como azules los mares que atravesábamos.

Quedé rendida por los efectos del amor. Cuando nos detuvimos en Naxos, me recosté sobre la arena, apoyé la cabeza en mi brazo y me dormí profundamente.

Al despertar, tus naves estaban lejos, tan lejos que no oíste mis pedidos de auxilio.
Aún estaba en lo mejor de mi rabieta, cuando escuché una música deliciosa. Una procesión como jamás había visto avanzaba bulluciosa. Bellísimos jóvenes danzaban alrededor de un carro de oro, arrancando melodías maravillosas a los címbalos y las flautas. Las risas interrumpían la música y los danzantes hacían cabriolas.

Pero en el carro, ¡Ay… Teseo!, en ese carro viajaba el hombre más bello que ojos hayan visto. Y los suyos me descubrieron.

Descendió, se acercó a mí y, a pesar de mis párpados hinchados, de mi piel roja por la ira, acarició mi cabeza y exclamó que era más hermosa que Venus, pidió una copa de vino, y tendiéndomela me ofreció:

-Sé mi esposa, te volveré inmortal.-

No hay varón más perfecto que Dioniso. Amado como es por dioses y mortales nos rodea la alegría, la pasión y, los placeres.

Para evitarme la nostalgia, preparó un largísimo viaje por las ciudades de los hombres. Luego, ya instalados en la morada inmortal, nos dimos el uno al otro cuatro hijos, dignos de su cuna. Hemos sido tan felices, que en reconocimiento a nuestro amor, Dionisio, ha convertido la diadema que me obsequiara el día de nuestra boda en una constelación, para que siempre recuerde nuestra unión.

Es por esto Teseo, deseaba agradecerte, que aquél día me abandonaras en Naxos.

Tuya

Ariadna


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15 marzo 2009

Sibaritas o glotones



Quién no conoce a un sibarita del amor? Un solterón empedernido, un casado sin sosiego que colecciona faldas y amoríos…


¿Quién no conoce el desenlace de enamoramientos tardíos o soledades rabiosas que les aguardan?


No son Don Juan, tampoco Casanova, aunque de ambos participan.


Comienzan desde jóvenes el aprendizaje. Todo coleccionista debe ser un estudioso de su objeto de interés. A mayor conocimiento, mejores piezas entran al álbum.


Los maestros del amor hacen sus pininos, bajo el lema: la tinta con sangre entra. Pero sólo al comienzo, hasta que aprenden a dejar el cuerpo y despegar el corazón de sus proezas.


En ocasiones dicen involucrarse, pero es un juego controlado, para no hastiarse en la rutina.


A algunos, la estrategia se les vuelve arte: el artificio de deslumbrar, de ocultar, de volver la hora grata, de perfeccionar la caricia que desata, la voz que invita. Son víctimas de su sensualidad inflamada. De una enfermedad asintomática que cuando se desata, precipita.


Ellos son los inventores del detalle. Porque los maestros del amor son narcisos prevenidos, que perviven fascinados por la estética de sus sentidos.


Exigentes a la hora de rendir, verdaderos vampiros en la demanda.


La suerte de las mujeres que pasan por ellos se polariza. Las débiles lloran por el resto de sus vidas la pérdida de placeres tan exquisitos. Las fuertes, en cambio, se vuelven exigentes, agradecen las enseñanzas. Aunque unas y otras paguen el aprendizaje con duelos en carne viva.


El decano, fue Ovidio. Su vida consistió en un largo disfrute de las bienaventuranzas. Llevó tantas mujeres a la cama, que le era imposible recordarlas. Amó el cabello de una, la piel de otra, una voz, de esa los labios, de aquella las manos, objetos parciales que reunidos, inventaron a Corina, síntesis de su imposibilidad de amar.


Había aprendido tratándolas sus secretos, sus complacencias, sus apetencias, sus ritmos, sus cautelas. Por eso a los 44 años escribió “El arte de amar”. Un manual de seducción y placeres que instruyera en sus tácticas a otros amantes.


Ovidio, como tantos maestros del amor, murió desterrado de patria y mujeres, abrazado a fantasmas del ayer.


¿Qué llevó a Ovidio y a otros a ser coleccionistas? Creo que quizás el tango de una clave:


“En mi vida tuve muchas, muchas minas, pero nunca una mujer”




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11 marzo 2009

Confusiones invisibles


Para reflexionar es el caso de mi amiga Marisa.

Cuando se casó con un hombre de filántropicos ideales, él le dijo:

- Mucama no tendremos, no tolero el servicio personal.-

Por eso ella lleva más de quince años, sin tiempo para levantar la cabeza a otra cosa que el fregado de los pisos, de los trastos, del encerado, del plumero, del lavado y planchado de la ropa de su marido, (que sigue teorizando en su torre de marfil), para que “nadie” (más) padezca la servidumbre.

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08 marzo 2009

Sobre Lilith y las otras


No estaría mal refrescarnos la historia acerca del trío Adam, Lilith, Eva, y como juega la etimología con el desarrollo de la leyenda.

Aunque al parecer estaban muy solitos en el Paraíso, había otros personajes, dando pasto al culebrón original.

Dicen estudiosos de los mitos bíblicos como Graves o Milton, que cuando Dios creó a Adam, no usó cualquier tierra que tuviera a mano, sino “polvo puro”.

Para algunos lingüistas el nombre de Adam, proviene de su madre Adama (la tierra), relación que aunque es mencionada en el Génesis y luego por Quintiliano, quien resalta la correlación entre homo y humus en latín; se discute.

Para otros, Adam deriva de Adom (rojo), porque fue creado con arcilla de ese color. Hay quien dice que su nombre deriva de los 4 vientos principales Anatole, Dysis, Aratos y Mesembria.

Cuando Adam, hacia sus 20 años, terminó de poner nombre a los animales domésticos, observando que todos los bichos iban en pareja, se quejó al creador, él estaba solito. Dios se compadeció y creo la primera mujer.

Lilith hunde sus raíces en Sumer, donde por el 2000 a C, era la diosa de la fecundidad, conocida como Lillake, una chica muy sensual y promiscua.

Hay quienes consideran que el nombre deriva de “lavil" (noche) por eso aparece frecuentemente como un monstruo nocturno.

La pobre fue erradicada de la Biblia, sólo se la menciona en Isaías (34, 14-15)

Para crear a la compañera del solitario Adam, Dios usó inmundicia y sedimento, en lugar de “polvo puro”.

La vida de la pareja fue un tormento. Ella que se sabía una igual rechazaba acostarse debajo de él. Acá debemos reconocer poca plasticidad en la mente de nuestro abuelo, porque de seguro si probaba intercambiar lugares, otra habría sido la historia.

Pero Adam ya poseía las características obsesivas masculinas y lo nuevo lo hacía entrar en pánico.

Como ella no quería, él no tuvo mejor idea que obligarla. Ese fue el fin, Lilith usó la magia y elevándose por los aires, desapareció.

Adam fue a llorarle de nuevo a Dios, que compadecido envió a 3 ángeles en busca de la díscola muchachita. La hallaron a orillas del Mar Rojo acompañada por demonios lascivos, todos partidarios del amor libre, así que no hubo forma de convencerla para que regresara con su rutinario marido.

Como Adam no tenía consuelo, Dios le creo otra compañera. Una que muy pocos conocen.

Dejó que su chico consentido mirara, mientras él con huesos, tejidos, músculos, sangre y secreciones glandulares, iba formando a la segunda mujer. Apenas la vio terminada, Adam comprendió dos cosas: Que no había nacido para médico, y que jamás tendría trato con ella, ni estando arriba, ni estando abajo. Viendo que el hombre no refrenaba el asco, Dios la expulsó del paraíso, no se sabe a donde fue, pero algunos dicen que es la mujer que Caín y Abel se disputaron.

Fue entonces que Dios para acallar los chillidos de Adam, hizo a Eva.

Durmió al hombre, porque la paciencia se le agotaba, le sacó una costilla y formó a una mujer hermosa.

Cuando nuestro abuelito despertó, la vio, silbó y dijo emocionado:

-“ esta sí que es hueso de mis huesos y carne de mi carne”-

La bautizó Eva, o sea, madre de todos los vivientes.

Dios, les permitió comer de todos los frutos, salvo los del árbol de la ciencia.

Acá la historia da un giro de lo popularmente conocido, posiblemente por escabroso.

Aparece la serpiente que no es otro que el arcángel Samael, que será el padre de Caín. Ya les decía yo que esta historia era un culebrón…

Samael veía a la pareja retozar desnudos y sentía envidia. Por eso un día, esperó que el hombre se durmiera y ocupó su lugar. Eva se le entregó, engendrando a Caín.

John Milton hace un agregado muy interesante a la interpretación del mito. Dice que lo único que usó Samael para seducir a Eva, fue la voz.


“Enseguida comenzó a hablar, con una voz emitida por medio del aire vocal de indefinible acento, que variaba a medida que iba desarrollando su discurso. Y tomaba inflexiones tan distintas y adecuadas, al objeto de decir en cada momento aquello que más pudiese agradar a Eva, que su charla resultaba casi irresistible”

Sabiamente decía mi sacrosanta abuelita:

- No dejes hablar a un hombre que te convence de hacer lo que él quiere… - ¡Ay…! ¡Razón tenía!



…...

Luego del amor, la serpiente enfrentó a Eva con el árbol de la ciencia y ella, perdido por perdido, mordió la manzana y se la ofreció a Adam.

Dicen que Adam, sabiendo lo que ocurriría, prefirió seguirla al destierro.

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05 marzo 2009

De la costilla y de las sutilezas recomendables


Dicen que Dios nos hizo a las mujeres, a partir de una costilla de Adán.

Error imperdonable. Debió anticipar entonces, que entre tanto mandato masculino, como recibiríamos desde entonces, era a nosotras a quien debía quitárnosla, para cumplir así cumplir con creces el requerimiento de “la cintura de avispa”.

En fin, aunque esto de la costilla, parece ser clave en la temática de este blog, yo nunca me creí que ni mis hermanas de género ni yo, seamos nietas de la indecisa Eva, sino más bien de Lilith, su primera versión en esta tierra.

Sea como fuere, Eva no era tan mansa, lo suyo fue mejor un acertado disimulo. Nadie me saca de la cabeza que aquella vez en que le tendió la manzana al trémulo Adán, ella sabía que comenzaba a escribir la historia.

Y desde ahí, desde que nos pusieron fuera de la cárcel del paraíso, vamos, en los claroscuros, tejiendo la vida, con apariencia de sacrificadas ruecas. Aunque seguimos siendo, las magas poderosas que dialogan en secreto lenguaje con la luna y las mareas.


¡Shhh! ¡Mujeres no lo divulguemos!, porque aún nuestros poderes los asustan como a sus abuelos de las cavernas. Continuemos ofreciendo la manzana con graciosa ingenuidad.

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Acerca de este blog

Volvemos las incómodas costillas a reflexionar en voz alta y con humor, esos temas ponen la sal y la pimienta de nuestro camino con los hombres.


Intentando releer la historia, despejándola y despojándonos de los mitos dolientes que nos condenan a los planos segundones de participación.

¡A no llorar que siempre fuimos protagonistas!

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